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 por Martín Lavella *
En la Introducción de este libro, el autor anuncia que su objeto es establecer un panorama de conjunto sobre la experiencia social de la única guerra argentina del siglo XX contra la segunda potencia de la OTAN, en el marco de la peor dictadura militar de nuestra historia y en el contexto internacional de la Guerra Fría. Con el fin de evitar una serie de simplificaciones construidas con fuerza en la inmediata posguerra. Tanto la influencia del discurso patriótico escolar, como el lugar común de reducir la guerra a un hecho absurdo donde murieron jóvenes inmaduros. Entiende que se borran las discusiones políticas al investir de sacralidad la causa nacional impidiendo la posibilidad de todo discurso. Ver en Biblioteca>
Este panorama de conjunto desplegado en los cinco capítulos que componen el texto, no constituyen para el autor una explicación o un relato exhaustivo, que no consta de recopilaciones de testimonios, ni adopta un tono contrafáctico. Por ello, se acompaña al final una bibliografía de lecturas recomendadas.
Se enumeran en el primer capítulo, titulado Sin medir costo político alguno, una serie de factores que incidieron en la decisión de la ocupación de las islas. Entre los de larga duración, menciona la influencia del discurso escolar en la construcción de identidad, y el hecho de que en la década del 30’ se la haya incorporado como causa nacional en los discursos políticos. Citamos el caso aludido por el autor de Alfredo Palacios recomendando en el parlamento la incorporación a la enseñanza pública del libro Las islas Malvinas de Paul Groussac. Entre los factores de corta duración, refiere a la situación política interna a partir de los efectos negativos de las políticas económicas del proceso, con la creación de la Multipartidaria y el plan de lucha de la CGT Brasil. Todo contribuyó a la decisión de realizar una fuga hacia delante que permitiera la búsqueda de consenso político. Contra la política de acercamiento a Malvinas de los años 70’, se realizó una agresiva campaña diplomática del Canciller Nicanor Costa Méndez, mientras se planificaba la operación militar concebida inicialmente por el almirante Anaya.
El capítulo segundo, llamado El Argentinazo, analiza algunos aspectos del respaldo popular a la guerra. Entre ellos, el rol clave de la escuela y de la propaganda de los medios de comunicación. Un informe de la revista Gente titulaba Las ocho invasiones inglesas, asociando a hitos de la historia argentina, así como la difusión de una imagen decadentista de Gran Bretaña, expresando la moralina y el triunfalismo de la dictadura. Con respecto al espectro público hubo un sólo caso de oposición pública por parte de Carlos Broccatto. Lorenz propone reflexionar sobre el componente autoritario de la sociedad argentina, tanto en la escuela como en el servicio militar. Plantea una contradicción en la siguiente pregunta: ¿Era posible disociar el hecho del poder que lo había producido?
El capítulo tercero, el denominado Mar y Aire, aborda la falta de preparación de las Fuerzas Armadas para enfrentar un conflicto bélico. En la concepción estratégica, la planificación no contemplaba una respuesta militar por parte de Gran Bretaña, ni el involucramiento de EEUU. Éstas habían sido preparadas doctrinariamente bajo el concepto de ‘guerra interna’ de la Doctrina de Seguridad Nacional. La mayoría de los cuadros que fueron a las islas habían tenido algún tipo de pasaje en la designada ‘guerra contrarrevolucionaria’, que consistía en identificar a guerrilleros y sus simpatizantes, a través de la tortura, el asesinato y la desaparición de cadáveres, principales características que asumió el Terrorismo de Estado en nuestro país.
Ya en 1978 se habían manifestado la precariedad y las deficiencias del sistema logístico, en la movilización por el conflicto de límites con Chile. A su vez fueron determinantes dos factores en el despliegue de tropas y sus limitaciones. La hipótesis sobre la actitud de Chile, quien colaboró activamente, suministrando códigos e informando preparativos, así como procuró apoyo logístico en el confuso episodio del 18 de mayo de 1982 en Río Grande. También los celos entre las fuerzas y la escasa preparación en la planificación de conjunto, como la superposición de competencias en la toma de decisiones.
Por otra parte, el sistema de defensa de las islas tuvo dos rasgos. Se esperaba el ataque por el norte de Puerto Argentino el cual consistía en un dispositivo estático de trincheras. Con respecto a la Marina, luego del hundimiento del crucero Gral. Belgrano y del submarino San Luis, casi no participó de las operaciones. En Georgias del Sur, Astiz se rindió ignominiosamente. En tanto que la aviación, a pesar de la pericia que demostraron los pilotos, sólo podían hacer ataques diurnos y por diez minutos al operar desde el continente. Asimismo, hubo una desventaja tecnológica y material, como muestra el hecho de que siete de cada diez bombas lanzadas no estallaron.
El capítulo cuarto, denominado Turba, barro y piedras expone las condiciones de vida de los infantes en las islas. El sistema de defensa estático no contaba con articulación, apoyos, vehículos, ni equipo pesado. El concepto era de una total pasividad, en Malvinas no había casi caminos y las tropas, sin descanso ni refuerzos desde el despliegue inicial, sufrieron como principal daño el psicológico, con una sensación de impotencia ante la capacidad del adversario. Sumado a aquello, el hambre, los robos y los castigos. Las raciones diarias sumaban 1500 calorías sobre las 5000 necesarias para enfrentar el clima indómito de las islas. Como indicio de las condiciones que soportaron los conscriptos desplegados en el frente, refiere el hecho de que las principales enfermedades sufridas eran el pie de trinchera y el congelamiento. Además el 70% de las heridas atendidas eran de artillería o autoinfligidas.
Llegamos así al quinto y último capítulo de este libro, titulado Malvinas: el comienzo de la postdictadura. Lo ubica en la derrota en las islas. Los esfuerzos del gobierno y de las Fuerzas Armadas, aún en democracia, de separar Malvinas de la represión ilegal, facilitó un excelente mecanismo autoexculpatorio, el de una sociedad honesta y engañada. El sentido último de la guerra sería la malversación de un símbolo nacional, por un ejército ocupanta, represor de su propio pueblo, que no pudo combatir una guerra legítima. Para el autor lo anterior impide descubrir las semillas de la violencia en una sociedad disciplinada por el terror y así discutir sus consecuencias. Tanto como establecer la responsabilidad de sectores sociales y económicos colaboracionistas beneficiados por la dictadura. Por ello rescata el concepto de Alain Rouquié de Desmalvinización, que implica desmilitarizar a la sociedad y despolitizar a las Fuerzas Armadas.
Habíamos dicho más arriba que el objeto de este libro era el establecer un panorama de conjunto, pero también reclama algo más. Trata de plantear un esfuerzo conceptual, formulado por Federico Lorenz en la ‘idea imposible de pensar Malvinas sin la dictadura y viceversa’, es decir, se trató de una guerra planificada y conducida por unas Fuerzas Armadas represivas, que contó con acompañamiento social, peleada principalmente por conscriptos. Este es el mejor homenaje que puede hacerse a los muertos, al no eludir la pregunta por la propia responsabilidad frente al pasado y al futuro, eludiendo la trampa moral que plantea cualquier apelación a la noción de patria.
(*) Martín Lavella: Museo de la Memoria de Rosario - Prof. Adscripto, Fac. de Humanidades y Artes, UNR.
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La desaparición forzada de personas es un crimen de lesa humanidad que
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