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por Rubén Plataneo
Fecha: 2003.
Una vez finalizada la dictadura militar en el año 1983, los organismos de Derechos Humanos se abocaron a la ardua tarea de reconstruir la memoria histórica que fuera arrasada por el poder del Estado.
En cementerios públicos, en zonas apartadas de los centros urbanos, fueron y siguen siendo ubicados decenas de enterramientos clandestinos. A veces bajo la inscripción de las letras NN, otras bajo un campo raso sin señalamiento alguno, un mundo de dolor e injusticia bulle bajo la tierra. Ubicar cada uno de esos cuerpos, restituirles la debida identidad que les fue negada de manera arbitraria y violenta, supone un deber moral y ético para con la memoria de quienes fueron asesinados y sus familias.
Lo que estas fotografías de Rubén Plataneo dicen o advierten, es que la tierra habla, sigue hablando, sobre todo empeño de instaurar impunidad u olvido.
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A 3 años de la desaparición
del testigo Jorge Julio López es imprescindible no dejar que
el olvido termine naturalizando su ausencia entre nosotros.
La desaparición forzada de personas es un crimen de lesa humanidad que
no debe ser consentido.
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